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domingo, 29 de noviembre de 2015

Los relatos de viajes como fuente para la Historia: el viaje de Nicolás de Popielovo por España y Portugal (1484-1485)


Los relatos históricos de viajeros son una fuente de gran interés para el conocimiento del pasado, tanto a nivel cultural como material. A pesar de los prejuicios y de algunas interpretaciones erróneas de estos viajeros, bien por las propias limitaciones para comprender adecuadamente algunas manifestaciones culturales y políticas ajenas o por los simples problemas de comprensión lingüística a la hora de recoger las distintas noticias que incluyen en sus relatos, estas narraciones de viajes permiten conocer múltiples aspectos que las crónicas o los documentos pasan por alto, por considerarlos ordinarios y faltos de interés desde su perspectiva particular.

Los relatos de viajes tienen sus antecedentes en distinas narraciones históricas de la Antigüedad, como la Historia de Heródoto, la Anábais de Jenofonte o el Itinerarium de la monja Egeria, y, en el campo de la ficción, en algunas obras literarias, como la Odisea, que adoptan el motivo del tránsito del protagonista a través de territorios desconocidos para alcanzar un destino final. 


Ulises y las sirenas en un manuscrito del siglo XV

No obstante, su conformación como género tiene lugar a fines de la Edad Media, cuando el interés por la cultura escrita y el proceso de lo que sería una primera globalización mundial, protagonizada por mercaderes, "caballeros andantes" y diplomáticos, dio lugar a numerosas narraciones de viajes. Aunque con algunos ejemplos previos, como El libro de las maravillas de Marco Polo (1298), el género asistió a su expansión especialmente a lo largo del siglo XV, manifestada doblemente, por un lado, en el interés de algunos castellanos por dejar muestra escrita de algunos de sus viajes, como Ruy González de Clavijo y su Embajada al Tamorlán o Pero Tafur y sus Andanças e viajes, que nos ofrecen un fresco de la vida de ciudades como Venecia, Constantinopla o Jerusalén, desde la perspectiva castellana; por otro, en la atención de algunos viajeros extranjeros por dejar testimonio escrito de su visita a la península ibérica, como Nicolás de Popielovo, Antonio de Lalaing o Jerónimo Münzer. Estas obras actuarían como vanguardia de un género cuya expansión tendría lugar a lo largo de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX.  

Livre des merveilles, BNF Fr2810. Inicio del siglo XV
 
Estos viajes han sido abordados, entre otros, por Raymond Foulché Delbosc en su Bibliographie des voyages en Espagne et en Portugal, París, H. Welter, 1896 y por José Manuel Herrero Massari en Libros de viajes de los siglos XVI y XVII en España y Portugal: lectura y lectores, Madrid, Fundación Universitaria Española, 1999. Los más significativos se encuentran publicados en dos recopilaciones: Viajes de extranjeros por España y Portugal en los siglos XV, XVI y XVII. Colección de Javier Liske, Madrid, Casa Editorial de Medina, 1879 y especialmente José García Mercadal, Viajes de extranjeros por España y Portugal desde los tiempos más remotos hasta comienzos del siglo XX, Valladolid, Junta de Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura, 1999, 6 vols. A estos recursos cabe sumar un instrumento de interés para un mejor conocimiento del género: el micrositio de la Biblioteca Nacional de España Libros de viajes y viajeros. Guía de recursos bibiográficos.  
 
 
Entre estos viajeros que visitaron la península ibérica se encuentra Nicolás de Popielovo, un noble de Breslau (Silesia), nacido a mediados del siglo XV, quien estuvo en Portugal, Castilla y Aragón durante los años 1484-1485, en el marco de un viaje desarrollado entre 1483 y 1486, que le llevaría por Inglaterra, Portugal, España y Francia. 
 
Su relato, que transcurre en ciudades como Setúbal, Lisboa, Faro, Sevilla, Jerez, Córdoba, Valencia o Zaragoza, es de especial importancia para conocer aspectos como: la manera de encontrar aposentamiento en la corte y los trámites para ser recibido por el rey de Portugal; el papel de los viajeros como instrumento de comunicación entre las cortes reales europeas; el interés por contactar con otros “compatriotas” en suelo ibérico como vía para conseguir influencias y contactos en la corte; información sobre los vestidos y el ajuar doméstico de los portugueses; el ritual del banquete o el besamanos en la corte lusa; las navegaciones portuguesas y los sucesos políticos del reinado de Juan II de Portugal; el gobierno compartido de los Reyes Católicos y la guerra de Granada; el funcionamiento de las aduanas entre los reinos; o el paisaje agrario de Andalucía, Aragón o Cataluña a fines del siglo XV.

Juan II de Portugal. Livro dos Copos. Fines del siglo XV. Archivo Nacional de la Torre do Tombo (Lisboa)
 
Si algo destaca en el relato de Popielovo es la superioridad cultural y moral con la que contempla la realidad peninsular. Una realidad que contrastaba con la refinada visión de un ciudadano procedente de las ciudades del Norte de Europa, de un viajero cosmopolita, conocedor de Centroeuropa, Inglaterra, Francia, y de un súbdito del poderoso emperador, en un momento en el que comenzaban a forjarse, al calor del surgimiento del Estado moderno, las identidades y tópicos "nacionales".
 
Con frecuencia, Popielovo caracteriza a portugueses y castellanos como locuaces, entrometidos, murmurantes, perezosos e ignorantes. Caracterización de la que tenemos algunas muestras, no exentas de ironía, fastidio y tópicos diversos, a lo largo del relato:

“Muchos de ellos, al ver mi condecoración, de que me honró S.M. [el rey Juan II de Portugal], me preguntaron si me la puse yo mismo, y esta circunstancia me dio a entender que aquellos señores poco habían visto en el mundo, porque ni siquiera sabían algo de lo que convenía a un caballero”.
“El día de mi partida me preguntaron algunos consejeros y poderosos del Rey [Juan II de Portugal] si S. M. me dio algunos regalos: quisieron de esta manera tentar mi inteligencia, saber algo, y convencerse si yo después hablaría mal de su Majestad. Les contesté que no había venido allí con objeto de tener regalos, sino por conseguir la gracia de S. M. por toda mi vida. A eso me miraron sin saber qué contestarme, me despidieron y se marcharon”.
“En general, la nobleza, los ciudadanos y campesinos de Portugal se parecen a los de Galicia, es decir: groseros, tontos, incapaces de buenas costumbres e ignorantes, y esto a pesar de su pretensión de ser los más sabios; como los ingleses, que no admiten otro mundo igual al suyo”.
“Los portugueses son holgazanes, y no les gusta trabajar, y por eso mismo no quieren hospedar a los indígenas, ni a los viajeros tampoco, para ganar dinero; son groseros, sin bondad, gente sin compasión, incluso la gente del rey [Juan II de Portugal] mismo. Estando yo en presencia del Rey, procedían conmigo tan groseramente, y me miraban tan descaradamente, que el Rey mismo con sus ojos, palabras y gestos los apartaba de mí, para poder dejarme libre. Entre todos ellos, él es solo y único señor de alto entendimiento. Al dar yo contestaciones a las preguntas de S. M., volvían corriendo hacia mí para escuchar lo que decía, y para examinar mi traje y condecoraciones de que me adorné. El Rey, no pudiendo más con ellos, les mandó retirarse”.
“Al verme con armas, escudo y casco en la iglesia de Sevilla y sobre el casco una real corona, dijeron que yo era acaso un bastardo de algún rey, con pretensiones de empezar la guerra por la hermana del Rey (...). Me preguntaron aún: ‘¿Qué es un emperador?’ Les contesté: ‘Es la cabeza del cristianismo entero’. A eso me dijeron: ‘Nuestro señor no es su vasallo’. Por lo que querían decir que su Rey es más poderoso que el Emperador. Les respondí de manera que avergonzados se marcharon. Al ir yo a la corte, o la iglesia, seguíanme en masa, me apretaban y miraban como a un espectro, y me hacían preguntas tan extrañas, como puede hacerlas únicamente la gente que en su vida nunca había viajado (...). Puedo decir con honor de la verdad que no he visto ni encontrado nunca en ninguna parte gente tan necia e impertinente como aquí. Si alguno de ellos estuvo una sola vez en Roma, se figura que posee la sabiduría del mundo, o que le ha visto entero”.
La lectura de estos relatos se presenta así como una excelente herramienta, una vez depurados críticamente los textos de tópicos, prejuicios y errores de apreciación, para el conocimiento del pasado. También, de un buen instrumento en el aula para poder acercar, a través de fuentes primarias, la Historia.

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